Cuando quieres resolver todo sola y te olvidas de confiar en Dios.
Cuando estamos en medio de un proceso, hay días en que la calma de Dios nos invade por completo. Nos sentimos tranquilas, confiadas y con la certeza de que todo va a salir bien. Caminamos con paz, sabiendo que nuestras vidas están en las mejores manos. Pero seamos sinceras: hay otros días donde la desesperación nos gana. Llega la mente a mil por hora, los problemas parecen gigantes y, sin darnos cuenta, nos olvidamos de Dios y queremos resolver todo con nuestras propias fuerzas. Nos cargamos con una mochila que no nos corresponde cargar y nos llenamos de ansiedad intentando controlar el futuro. Es completamente normal sentir frustración en el camino, pero intentar pelear las batallas solas solo nos deja cansadas y agotadas. En esos momentos de tormenta, se nos olvida que lo que hoy vemos como un gran problema, mañana será nuestro mayor testimonio. Cada duda, cada lágrima y cada desierto por el que estás pasando hoy, es la historia de superación que mañana inspirará a otra chica a no re...