Somos débiles o ¿somos fuertes?
📖 2 Corintios 12:10 TLA
Me alegro de ser débil, de ser insultado y perseguido, y de tener necesidades y dificultades por ser fiel a Cristo. Pues lo que me hace fuerte es reconocer que soy débil.
Vivimos pensando que somos fuertes por nosotros mismos, creyendo que no dependemos de nadie. Sin embargo, cuando llega ese momento en el que Dios hace silencio, nos desesperamos rápidamente. Olvidamos que Él tiene el control y empezamos a "nadar" con nuestras propias fuerzas.
Pero esta Palabra nos recuerda que, en realidad, somos débiles. En esos momentos de mayor fragilidad, cuando nos sentimos cansados y sin ánimos —y cuando nuestras fallas se convierten en guerreras que atacan nuestra mente— es cuando más necesitamos de Él. Aunque no logres articular palabras o no tengas fuerzas para pedir ayuda, basta con decirle en el corazón: "Señor, ayúdame; soy débil, pero hazme fuerte en Ti".
La mejor oración es aquella que nace cuando llegamos a un nivel que no comprendemos. No necesitamos palabras ostentosas ni palabrería vaga; solo necesitamos un corazón dispuesto y rendido ante Él.

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